Zaragoza contemporánea

Inés Giménez - 06/08/2008

Mercado central
Mercado central

En el S.XIX la ciudad creció en todas las direcciones y configuró bulevares, paseos y caminos en los que levantan torres. El ferrocarril llegó a la ciudad y supuso un importante motor de progreso . El teatro ofrecía un atractivo para las noches ociosas de las clases burguesas. Las tendencias arquitectónicas se sucedieron con la velocidad de las épocas modernas. Racionalismo, modernismo o historicismo cuajaron en una Zaragoza que alberga círculos regeneracionistas, tascas populares y fuerzas vivas.

El siglo XIX y principios del XX es una época de conmemoración y construcción de la identidad nacional española en los espacios públicos. Los arcos de triunfo, puertas monumentales, estatuas y fuentes llenaron las calles, parques y plazas de la ciudad, y nos han dejado un legado de interesante rastreo.

El monumento a Don Ramón Pignatelli (Parque Pignatelli), al Justicia (Plaza Aragón), a los Sitios (Plaza de los Sitios), a los Mártires de la Religión y de la Patria (Plaza España), la Fuente Princesa (Parque Grande) o el monumento al Rey Alfonso I el Batallador en el cabezo del Parque de Buenavista son algunos de las representaciones más significativas. El trazado de nuevas calles también recuerda a sus ciudadanos ilustres al tiempo que destruye algunos edificios significativos.

En esta época la ciudad creció en todas las direcciones y configura bulevares, paseos y caminos en los que levantan torres y pasean las familias de bien. El ferrocarril llega a la ciudad y supuso un importante motor de "progreso" . El teatro ofrecía un atractivo para las noches ociosas de las clases burguesas. Las tendencias arquitectónicas se sucedieron con la velocidad de las épocas modernas. Racionalismo, modernismo o historicismo cuajaron en una Zaragoza que alberga círculos regeneracionistas, tascas populares y fuerzas castrenses y religiosas.

Durante los años 20, y durante la dictadura de Primo de Rivera, se incrementaron las infraestructuras públicas y se inauguró la Academia General Militar de Zaragoza (1928). La política ferroviaria con la inauguración del Canfranero y la política hidráulica con la creación de la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro fueron las grandes beneficiadas en una época de represión sindical.
En 1930 la renovación arquitectónica europea se dejó sentir en Zaragoza. Los principios racionalistas de la Bauhaus y las tendencias funcionalistas de Le Corbusier se filtraron en los planes de los arquitectos y técnicos que constituyeron la GATEPAC (Grupo de Artistas y Técnicos para la Arquitectura Contemporánea)
Aunque muchos de los edificios construidos han sido demolidos (por ejemplo el Rincón de Goya del parque Grande), otros como el Sacrario Militare Italiano proyectado por el gobierno de Mussolini, el actual edificio de telefónica en el Paseo de la Independencia o el Grupo escolar Cervantes, permanecen en pie.

Los edificios más significativos de fines del S.XIX y las cuatro primeras décadas del S.XX son el Mercado Central de Zaragoza, el Centro Mercantil Industrial y Agrícola, El Ayuntamiento, La Sede del Banco de Aragón, el Museo Provincial de Bellas Artes, el Quiosco de la música, el Grupo Escolar Joaquín Costa, El teatro Principal o Torre de la Antigua Feria de Muestras o el ya algo posterior (1940) Sacrario Militar Italiano. Además en el Coso o la Calle Alfonso se conservan espléndidos edificios con balcones acristalados y florituras modernistas.

La ciudad se alimentaba de su hinterland agrícola, ya que aunque mantenía algunas huertas, se volcó sobre otros sectores económicos. Los obreros del arte de imprimir formaban parte de los sindicatos más activos en esa España convulsa que se debatía entre monarquía y república, entre centralismo y federalismo, entre orden burgués y anarquismo. La exposición hispano-francesa de 1908 supuso un hito en la historia de Zaragoza, que revisó su pasado en clave conservadora. Algunas de las páginas más bellas que se han escrito con este trasfondo zaragozano se encuentran en Crónica del Alba, de Ramón J.Sender.

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