La Aljafería

18/08/2008

Fecha: 1º.S.XI. Obras de al-Muqtadir.
2ºÉpoca Mudejar y alcazar cristiano
3º 1488-1493: Palacio construido por los Reyes Católicos.
Instalación de las Cortes de Aragón
1947-1982: Restauración de Francisco Iñiguez
Estilo: Mudejar, renacentista, contemporáneo
Usos: Palacio de verano, Alcazar y Sede de la Inquisición, Acuartelamiento de las tropas de Carlos III y en la segunda mitad del S.XIX. Artillería, Sede de las Cortes de Aragón
Zaragoza medieval
Zaragoza moderna
Zaragoza S.XX

La Aljafería es un bello palacio fortificado de al-Muqtadir bi´llah, rey taifa del S.XI. Entre sus torreones exteriores se encuentra la Torre del Trovador, carcel mítico que aparece en el Cantar del Roldán y en una ópera de Verdi. En el interior del Palacio se encuentra un patio que conserva dos y un bosque de columnas con bellos atauriques y arcos mixtilíneos, punto de encuentro entre el arte califal y los imperios africanos. El palacio fue reformado por los Reyes Católicos, cuyo emblema, el Yugo y las flechas, aparece en el artesonado renacentista del Salón del Trono. Hoy el edificio es sede de las Cortes de Aragón.

La Aljafería fue levantada por Abu-Jafar-Ahmed Almoctádir bilah (1049-1081) tras la eclosión califal. En dos capiteles conservados se mantiene la inscripción al-Muqtadir bi-llah, o sea, Poderoso gracias a dios, que corresponde a este gobernante de la familia de los Banu-Hud. Su hijo Ahmad ibn Sulayman llevaba como prenombre ibn Hud, Abu Yafar según la costumbre musulmana: de ahí al-Yadariyya y por consiguiente Aljafería.

En el cantar del Roldan, ambientado en el S.VIII, se mencionan dos palacios en Zaragoza, uno intramuros y otros extramuros, sin embargo el poema es posterior. Aunque se menciona en documentos escritos que Muhammad ibn Hasim, visir y general murió en el año 950 «en su almunia del arrabal», y probablemente existía una fortificación al pie de cuyos muros acamparon diversas expediciones de castigo en 873 y 882, no existen fuentes históricas fiables de confirmen la existencia de un Palacio antes del S.XI.

El palacio de la Aljafería encuentra ejemplos análogos en Medina az-Zahara, en Córdoba, y las alcazabas de Granada, Málaga y Almería. La Zuda interior no ha sido conservada. Los torreones son "ultrasemicirculares", el emplazamiento en llano es sin embargo una rareza, ya que estas fortificaciones acostumbraban a estar situadas en un cerro. Se ha dicho que su emplazamiento puedo provenir de una villa romana anterior, pero esto no ha sido confirmado arqueológicamente.


De la época musulmana se conservan las primeras piedras en alabastro al estilo Omeya, aunque la forma de los torreones supone un cambio de estilo único. Sus murallas forman un cuadrilátero alineado en los cuatro puntos cardinales, tras el foso tiene una única entrada y dieciséis torreones ultrasemicirculares, a excepción de la torre del homenaje, cuya planta es cuadrada.
Los lienzos de las murallas eran de tapial y los torreones de alabastro, que han sido reconstruidos con piedra blanca caliza. Su remate era almenado.
La puerta de ingreso ha sido restaurada, pero se conserva su forma original, en arco de herradura sobre la que aparece un friso con arcos de medio punto entrecruzados, apenas repetido en ninguna otra obra.
La planta cuadrada del palacio queda dividida en dirección Norte-Sur en tres espacios. El salón central o del trono era conocido como salón de los mármoles. La restauración del espacio se siguió conforme a los modelos de Madina al-Zahra. La sala del Portico fue destruida en época cristiana para alojar en su espacio la capilla mudejar de San Jorge.

Los espacios son de poca profundidad, pero gracias a trampantojos y un arte de ficción con decorado teatral las estancias parecen mayores. Según algunos historiadores, esto revela la situación política de los reyes taifas, pretenciosos y ricos, pero cuyas verdaderas fuerzas y seguridad se debilitan.
En el centro un gran patio interior, de forma rectangular y con un apseo en derredor, y dos prolongaciones en sus costados mediante pabellones abiertos. El patio conserva hoy con naranjos y dos albercas, maravilla que nos transporta al pequeño paraíso que debió ser el Palacio y que le hizo valedero al palacio del nombre "Palacio de la alegría" o "Casa del regocijo", según cantó el propio Al Yasur:
«¡Oh Qasr al-Surur (palacio de la alegría), oh Salón de Oro! Gracias a vosotros he alcanzado la culminación de mis deseos. Aunque no tuviera mi reino ninguna otra cosa, serían para mí todo lo que yo pudiese anhelar».

En su bosque de columnas los materiales utilizados son el yeso y el ladrillo, aunque también se utilizó alabastro y posteriormente mármol de Carrara. La decoración geométrica y atauriques son ricos en motivos animales y vegetales, los intrincados en los arcos cobijan detalles menudos. Según los estudios de Christian Ewert en el sistema de arcos del palacio existe una jerarquización topográfica que manifiesta mayor respeto por la tradición califal cordobesa en las zonas más importantes, artimaña que trataba para la legitimación política de la dinastía hudí. Merece la pena contemplar con detenimientos los arcos y arquerías que recorren el Patio con tracerías geométricas, arcos lobulados y mixtilineos, invadidos de leyendas y caracteres coránicos con yesería calada...
Por estas trazas La Aljafería se ha considerado el único enlace conocido entre lo califal y los imperios africanos.

Un inmenso pozo que conecta con los pasadizos subterráneos del Palacio asentados sobre tupida malla de troncos de sabina y con gruesos sillares alargados.

El pórtico sur fue restaurado en 1866, para el pórtico norte se recuperaron piezas del Museo Provincial de Bellas Artes. De la alcoba oriental del pórtico Norte se pasa a la mezquita, cuya puerta estuvo tapiada largo tiempo.

La mezquita presenta un arco de herradura con un friso de arcos entrecruzados de medio punto. La planta es octogonal, siete lados del octágono cuentan con arcos mixtilíneos. El nicho de la Mihrab, con cúpula gallonada, se halla orientado hacia la Meca, el SE. Los Reyes Católicos la destruyeron parcialmente pero ha sido recuperada, con especial atención en la galería superior de arcos entrecruzados.

La torre del Trovador debe su nombre a la leyenda de Martines de Lara, supuestamente prisionero de la misma, cuya historia sirvió de inspiración al dramaturgo español, García Gutiérrez, y a compositor italiano Verdi. Algunos historiadores piensan que esta torre es anterior al conjunto y proviene de la segunda mitad del S.IX, otros sin embargo desestiman esta posibilidad.

Las zonas laterales estuvieron destinadas a viviendas privadas, organizadas a modo de casasa o batís.

Alfonso I, tras conquistar la ciudad donó el Palacio a los benedictinos y al abad don Berenguer del monasterio Lagrasse para que erigiese una iglesia, lo cual nunca se hizo ya que fue utilizada sobretodo para festejos reales: juegos de jineta, toros y banquetes. Durante un tiempo el Santo Grial de San Juan de la Peña se guardo en la Aljafería.

Gracias a trabajos arqueológicos se conoce con detenimiento las variaciones del Palacio, que con Pedro IV y sobre todo con los Reyes Católicos, cambió su fisonomía. En la época de Pedro IV el edificio regresó a jurisdicción real. Pedro IV encargó al pintor Ferrer Bassa dos retablos dedicados a la Virgen y San Martín para su capilla nueva, que se acababa de terminar. Encima del Salón norte había una escalera empinada por la que se accedía a las estancias de Pedro III y Pedro IV.

Los Reyes Católicos reformaron la Iglesia y patio de San Martín y el Patio de Santa Isabel. Atravesando el patio principal el visitante llega a una escalinata por la que se asciende a las estancias superiores, en dirección Este-Oeste, en donde destaca el gran Salón del trono, flanqueado al sur por una galería o corredor y que jerarquiza distintas dependencias.
La galería dispone de arcos de ladrillo, de tipo carpanel y doblados, que aparecen en los diseños alzados por el maestro Spanochi en 1593. Los alzados del maestro se conservan en Simancas y gracias a ellos y a algunos
alzados del Museo y Biblioteca del Museo del Ejército,han podido llevarse a cabo tareas de restauración tras el destrozo del S.XVIII.

La decoración tallada en yeso, el artesonado mudéjar del Salón del trono, la decoración de las bovedillas tanto en la escalera monumental como en la galería, con motivos grutescos italianos y candeliere. También son interesantes las solerías de las salas realizadas por los obradores de Muel. Tanto en el artesonado como en las pinturas destaca el símbolo imperial de los reyes Fernando e Isabel, el yugo y las flechas, con el refrán que dice "Tanto monta, monta tanto, tanto manda Isabel como Fernando" en alusión a la alianza monárquica entre los reinos de de Aragón y Castilla.

Tras los Reyes Católicos el Palacio cayó en desgracia, tanto por los usos funestos que se le dieron, como por el abandono político.

Tras los Reyes Católicos el Palacio sirvió como prisión inquisitorial desde principios del S.XX, donde fue asesinado S. Pedro Arbus. Felipe V reformó el Palacio y destrozó toda la fortificación medieval, a excepción de la Torre del Trovador.

En el S.XIX, bajo Isabel II, el Palacio se transformó en cuartel, las yeserías de los muros se descuajaron y muchas piezas se ocultaron o se trasladaron a los museos de Madrid y de Zaragoza, entonces en creación. Se han documentados necrópolis de los siglos XVIII-XIX, con un conjunto de enterramientos de la época de la guerra de la Independencia contra Napoleón.
Las estancias del Palacio sirvieron de caballerizas y de artillería y el palacio sufrió muchísimo tanto con las guerras carlistas como con la guerra civil.

La recuperación del edificio fue iniciada en 1947, por el arquitecto Francisco Íñiguez, entonces comisario General del Patrimonio Histórico-Artístico, que dirigió los trabajos hasta su muerte en 1982.

En los años 80 el Ministerio de Cultura estableció un compromiso del Gobierno Central de restaurar la Aljafería, dos años más tarde firmó un convenio para impulsar el Museo de Bellas Artes en el lugar, algo que no llegó a materializarse porque en 1983, las Cortes Aragonesas deciden instalar su sede en la parte más moderna de la Aljafería, que es cedida por el Ayuntamiento.

Las labores de excavación y restauración que se realizaron en el palacio de la Aljafería desde 1991 han permitido recuperar en su práctica totalidad uno de los monumentos más emblemáticos de Aragón. El proyecto de restauración y rehabilitación dirigido por los arquitectos Luis Franco y Mariano Pemán, contó con la supervisión arqueológica de Manuel Martín-Bueno. Y hoy día las Cortes de Aragón celebran sus reuniones en el Palacio.