Esclusas del Canal y fuente de los Incrédulos (Casablanca)

18/08/2008

Fecha: S.XVIII
Estilo: Neoclásico. Ingeniería hidráulica
Uso: Regular la Altura de aguas del Canal Imperial de Aragón
Zaragoza ilustrada

Las esclusas del Canal, del S.XVIII forman parte del sistema hidráulico del Canal Imperial de Aragón, una obra de ingeniería fomentada por Ramón de Pignatelli y Moncayo y la Real Sociedad Económica de Amigos del País. El escepticismo de los Zaragozanos ante su navegabilidad, quedó plasmado en La Fuente de los Incrédulos, de 1789, cuando los barcos alcanzaron las esclusas.

Los orígenes del Canal Imperial de Aragón se remontan al S.XVIII, momento en que fueron financiados y construidos el cauce y la fábrica, la extensión del riego y la navegación. Los antecedentes de la obra ya habían sido detallados en la Acequia Imperial de Aragón, que no terminó de cuajar, pero cuya compañía financiera, Badín y Compañía, gestionó concesiones, obligaciones y deuda. Las obras superaron los costes previstos por lo que antes de acabarlas fueron necesarias la emisión de vales reales.

La obra corrió a cargo del canónigo zaragozano, mentor y primer protector del canal (1772-1793) Ramón de Pignatelli y Moncayo. El sucesor de Pignatelli fue el conde de Sástago.

El proyecto del Canal surgió en la Ilustración, a imitación de Inglaterra y Francia, cuyos planes ingenieros contemplaban que un canal, al salvar meandros y azudes de los ríos, lo hacían navegable. La Real Sociedad Económica de Amigos del País apoyó decididamente el proyecto, pero muchos no creían que pudiese ser navegable.

Cuando las barcazas arribaron hasta las esclusas del canal de barrio rural de la Casa Blanca en 1789, Ramón Pignatellí ordenó construir una fuente, La Fuente de los Incrédulos por aquellos que no creían posible su navegación, que facilitó el tráfico de mercancías y sirvió de vía de comunicación entre comarcas. El trafico de mercancías alcanzó cierto volumen en los últimos años del S.XVIII, quedó hundido durante la guerra de la independencia y en el S.XIX se reestableció. De ahí también el nombre del Parque de Casablanca, parque de los Incrédulos.