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| Mi hermana y yo, en Sant Carles de la Ràpita | |
Comienza la cuenta atrás. El viernes cojo vacaciones. La espera se ha hecho interminable, pero sólo en cinco días estaré disfrutando del merecido descanso estival. Este año volaré a Ibiza con mi chico. No hace falta que diga lo divertido que es escaparse en pareja pero, ¿quién no siente cierta nostalgia al recordar los veraneos en familia de la infancia?
Seat 127 rojo sin aire acondicionado ni cinturones traseros. Una familia de seis miembros (he dicho bien, seis personas en un clásico de cinco plazas) se dirigen a Sant Carles de la Ràpita para pasar dos semanas en un apartamento alquilado. Discuten, como cada verano, sobre quién será el primero en ver el mar desde el coche.
Esa familia… es mi familia: mi mamá, mi papá, mi abuela, mi abuelo, mi hermana y yo misma.
Ir a la playa se convierte en toda una odisea. Vamos cargados con las hamacas, la sombrilla, la colchoneta, la comida, los cubos y las palas… Era maravilloso rebozarse en la arena cual croqueta, bucear y jugar a los castillos. Los aviones lanzaban pelotas de Nivea y al cabo de pocos días, estaba tan morena que parecía un Conguito.
Y al «levantar el campamento», a falta de duchas, papá nos lavaba los pies con el agua de un cubo antes de calzarnos. Para comer: paella, sardinas fritas, pollo asado…
A veces nos visitaba también mi tío Antonio, que no paraba de cantar “a la sombra de una sombrilla en el veranooooo, la ensaladillaaaaaaa… qué rica estáááááááááá”. Algunos días íbamos a la lonja, en el puerto pesquero, porque mi padre disfrutaba presenciando las tradicionales subastas. Guardo un recuerdo diáfano de las embarcaciones, el olor intenso, los diferentes colores del pescado y los mariscos, las voces entonando cifras…
Las tardes eran para los helados (Popeye, Drácula, Twister o Frigo Pie –votado como el mejor de la historia por los internautas–), las atracciones de feria, recorrer el paseo marítimo o pescar cangrejos con red. Todos los años hacíamos excursiones al Delta del Ebro y Peñíscola, donde ya demostraba gran afición por las tiendas… Y al menos un día, cenábamos en una pizzería.
Este año vuelo a la Isla Pitiusa, pero quizá dentro de no demasiados años vuelva a veranear en familia. Con la que mi chico y yo formemos. En un coche más grande, mejor equipado… pero cargados también hasta los topes de maletas, sombrillas, colchonetas, cubos y palas. Y espero que mis hijos, al hacerse mayores, sientan la misma nostalgia que a mí me invade mientras escribo estas líneas.






21 Comentarios. Dejar nuevo
Madre mía qué nostalgia, es verdad. Y no veas qué ilusión me hace pensar que parte de esas vacaciones de ensueño las hemos pasado juntas. Por algo «semos hermanicas» jaja! Ojalá algún día juntemos nuestras familias de veraneo por ahí. ¡Besicos mil y ánimo con la semana que ya queda poco!
A mí también me limpiaban los pies con un cubo!! Y qué me dices de meter en el coche la colchoneta sin desinflar para no tener que hincharla al día siguiente… A ver qué tal por Ibiza…
y los tuburones de arena que hacía papá¿?