Si usted quiere medir el grado de humanidad y civilización que posee una persona, métala en un cajero automático y observe. Mientras tanto, ponga la sintonía del famoso programa de TV “El Hombre y la Tierra” conducido por Félix Rodríguez de La Fuente.

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Si una de las formas de evaluar si la sociedad humana sobreviviría al caos es la de observar una barra de bar por la mañana, otra es el clásico momento de estar esperando a que otra persona acabe de utilizar el cajero automático. Llamaremos al primero esperante y al segundo el esperado.
Hay veces que es inevitable que el esperado se demore, que no sólo de sacar billetes vive un cajero. Puede mirar el saldo, meter billetes, cargar el móvil y todas esas cosillas. De todas maneras si se es una persona consciente de que vive en sociedad, lo lógico y lo encomiable es que al menos se digne a comprobar cuanta gente se amontona haciendo cola esperándole. Si hay mucha gente no está de mas dejar aquello que no sea importante para otro momento pues puede haber alguien que sí tenga algo importante que hacer. Por otra parte, el darse un poco de prisa dentro de lo razonable, ateniéndose a que no se está solo, estoy seguro que hace ganar puntos para entrar en los respectivos cielos de las respectivas religiones. Aunque esto es una opinión, sin intención de hacer dogma de ello.

¿Nunca han estado en el exterior del cajero observando a un mas que flemático, ajeno por completo a los esperantes de la fría calle? Sin girar la vista atrás, inmóvil ante el cajero y usted preguntándose “¿pero que hace?”, “si, si, ¡se mueve! Le he visto pulsando la pantalla”, “¿hola? ¡Hay gente esperando!”, “¿y ahora que hace? Si, si, ¡saca la tarjeta! Oh, no, ¿la está metiendo otra vez?”. Y es que hay gente que no se que hace, que tarda tanto que el cajero le devuelve la tarjeta; y claro, hay que volver a meterla y comenzar toda la operación. Y cuando finalmente saca el dinero, se coloca la cartera, mira el bolso, abre y cierra, busca algo, se pone la bufanda… ¡Basta, por favor! ¿Es necesario todo esto?

Deberían poner un contador con una cuenta atrás que cuando finalizara, saliera un rumano de dos por dos de un armario situado al lado del cajero y de una patada sacara volando al egoísta insolidario que no sabe vivir en sociedad con el resto de sus congéneres.

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4 Comentarios. Dejar nuevo

  • La verdad es que esperar que alguien abandono el cajero automático es deseperante. Creo que hay a quien le excita ver las caras de los que esperan y estoy más que convencido que en alguna ocasión no están haciendo nada. Pero cuando llega mi turno, pagan justos por pecadores, y me tiro minutos y minutos, incluso entro en la venta de entradas aunque no tenga que comprar nada. Es mi turno y si me hacen esperar, hago esperar.

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  • ¿y yo me pregunto, como puede haber alguien que cuestione la asignatura EDUCACION PARA LA C I U D A D A N I A?. Lo digo tambien por mi «amigo» esperante con frases como: «es mi turno y si me hacen esperar, hago esperar» lo dice todo.

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  • feb06 Pues yo este fin de semana he tedino una experiencia un tanto curiosa al intentar sacar dinero de un cajero que estaba dentro del banco. Me meted dentro y cuando quise darme cuenta vi que habeda dos personas que estaban intentando sacar dinero con una tarjeta. Eran dos hombres que tenedan muy malas pintas y la verdad que me acojone9. Sobre todo cuando hablaban cuchicheando entre ellos se volvie1n y me miraban. Y yo pensando: Ay madre, hoy me roban. Se tiraron un buen rato metiendo y sacando la tarjeta y mirando un papel con la contrasef1a, cuando estaba a punto de salir corriendo, uno de ellos se volvif3 y me dijo: Te importareda ayudarnos es que no sabemos sacar dinero Entre que los pobres apenas sabedan leer y ademe1s habedan seleccionado como idioma el catale1n, pues aquello era una misif3n imposible. Bueno al final sacaron su dinero y se fueron. Y yo pensando lo peor Lo malo es que luego mi amiga me puso mal cuerpo, mira que si es una tarjeta robada En fin yo tambien me siento mas hombre que mujer para estas cosas.

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  • feb06 Pero lo de conducir sf3lo este1 al final, yo voy, meto la tarteja y saco el dinero y de la clave nunca me olvido y si me olvidase esto sereda imposible: El esposo le facilita la clave correcta gracias a su extraordinaria memoria Porque mi esposo nunca ha tenido, tiene, ni tendre1 memoria jame1s, teniendo en cuenta que yo soy su agenda portatil Un saludo!

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