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| Videojuego Guitar Hero | |
Nunca digas “de esta agua no beberé”. ¡Qué sabio es el refranero español! Y es que este fin de semana he hecho algo que en principio pensaba que nunca haría: me he comprado el Guitar Hero.
Para los que no estén puestos en los nuevos y maquiavélicos inventos ociosos que hoy en día acaparan las horas libres de niños y adultos, les diré que el Guitar Hero es la nueva alternativa de las videoconsolas para saciar la frustración de aquellos que siempre quisieron ser estrellas del rock y nunca lo consiguieron o conseguirán.
Una burda imitación de guitarra eléctrica de plástico rancio, cinco botones de colores que casi insultan a la inteligencia humana y una clavija que sustituye a las seis cuerdas del instrumento es lo único que se necesita para simular ser Bon Jovi, Metallica u Oasis, entre otros. ¡Y lo peor de todo es que lo consigue!
Podrán pensar esto: “Pues para invertir horas en un videojuego haciendo que toco la guitarra, aprendo a tocar una de verdad”. Sí, yo también pensaba eso; también miraba escéptica a los escaparates donde exhibían los productos en cuestión; también llamaba absurdos a los amigos que gastaban su dinero en el susodicho aparato; también creía que vivíamos en un mundo de locos en el que buscamos la versión electrónica a cualquier acción, por banal que sea, de la vida diaria y cotidiana. Pero un día lo probé y el gusanillo se instaló en mi interior. Finalmente, el gusanillo se convirtió en una boa constrictor y ha salido obligándome a adquirir todo el equipo.
Entretenimiento (solo o acompañado), música, nervios, tensión, diversión, satisfacción e, incluso, autorrealización. Wii, Playstation, Xbox, Gameboy, PSP, Mario Bros, Zelda, Grand Theft Auto, Sims… Nintendo y Sony son palabras que deberían incorporarse a los siete pecados capitales. Y es que es un vicio. Sin duda, una de las mejores drogas legales que existe, junto con el café y dormir.





