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| Torredembarra: El paraíso | S.G. |
“No hago planes con tanta antelación”, dijo nuestro querido Humphrey Bogart en la célebre película Casablanca. ¡Y cuánta razón tenía!. A veces (las que más) los mejores planes son los que salen de manera improvisada.
Por unos motivos u otros mis vacaciones se han reducido a cuatro días. Cuatro días improvisados completamente, empezando por el día en el que iba a salir de Zaragoza y terminando en la hora o el estado de ánimo en el que iba a volver. Sin embargo, ha sido de los mejores fines de semana que he pasado jamás. Y todo sin gastar una millonada ni visitar un país exótico.
Cinco amigos, una buena playa de la Costa Dorada como Torredembarra (catalogada, por mí, como la mejor playa del globo terráqueo por encima de cualquier paraíso tropical o espacio natural protegido sucedáneo existente en este ancho mundo) y buen tiempo es todo lo necesario para el plan perfecto.
Muchas veces nos empeñamos en planificar absolutamente todo a la hora de viajar. Y seguramente, así se puedan ver más cosas. Eso sí, como pase algo a última hora que cambie cualquier mínimo detalle de los planes preestablecidos, el planning puede considerarse muerto y “mi gozo en un pozo”, como aquel que dice. Y es que la vida está llena de imprevistos, despropósitos y casualidades, por lo que hacer planes no tiene ningún sentido.
Si lo que realmente se desea es desconectar, lo mejor es dejar al destino que haga su trabajo. El tan utilizado en estos tiempos “Carpe Diem” se convierte en el estilo de vida para este tipo de vacaciones. ¿A dónde ir? a donde mejor pille. ¿Qué hacer? ya veremos, lo que apetezca en el momento. ¿Con quién? haces un aviso general y que venga quien quiera. Y cuando vuelvas y pregunten “¿Cómo te lo has pasado?”, la respuesta será: “De pu…turrú de fuá”.





